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Maletas especiales y Bolsos a medida |
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Somos una empresa especializada en la fabricación de todo tipo de
bolsos y maletas a medida. Diseñamos lo que incluso
parece imposible para guardar y transportar toda clase de objetos,
equipos, maquinaria, aparatos, utensilios variados. Llevamos más de 30 años haciendo
maletas y bolsos de encargo; nuestros clientes recurren
a nosotros cuando necesitan bolsos y maletas especiales que ningún
otro establecimiento es capaz de proporcionar. Si
quieres iniciar una historia inverosímil de maleta y publicarla aquí,
envíanos el texto a
Historias y cuentos en la maleta.
Aprendiz de Samurai Hoy era un día feliz para Kan, hoy cumplía 12 años y su padre
había prometido concederle el mayor de los tesoros. Una espada de
Samurai. Naturalmente no sería una espada de doble diamante como la de
su padre, sería una sencilla espada katana. Lo demás habría de ganárselo
por si mismo. Era un inmenso honor el que le hacía su padre. A partir
de ahora dejaba de ser un niño para convertiste en todo un aprendiz de
Samurai. Un brillante futuro se presentaba por delante si estaba
dispuesto a aprender y a trabajar. Y kan lo estaba desde lo más
profundo de su corazón. Su padre Kazo estaba frente a él, solemne e imponente como era
natural en su persona. El anciano Samurai aparentaba mucha menos edad de
la que realmente tenía, solo su larga cabellera blanca y unos ojos
llenos de sabiduría rebelaban su verdadera edad. Su armadura de General
Samuai reflejaba los dorados rayos del sol como si fuera de oro mientras
que los dobles diamantes engastados en la empuñadura de su propia
espada katana formaba un doble arco iris enlazado en su base. Kazo había
luchado mil batallas y formado a cientos de Samurais, y por fin hoy iba
a instruir a su propio hijo. Un acontecimiento que llevaba esperando
desde hace doce años. En sus manos sostenía la futura katana de su
hijo, un arma poderosa que debía usarse con sabiduría. Kan debía
entender que lo más importante de un Samuai no era su arma, sino su
sabiduría y su honor. La cara de Kan resplandeciente de honor y gozo al recibir su
espada, llenó el corazón de su padre de un orgullo como nunca antes
había sentido. Ahora ya era oficial, el joven aprendiz había superado
todas las sutiles trampas que se le habían tendido y por sus propios méritos
se había convertido en uno más del clan. Esa misma noche, después de las celebraciones y las risas, padre
e hijo se sentaron juntos alrededor de la hoguera. La noche era cálida
y en el cielo lucían las estrellas como luciérnagas en un estanque, la
Luna llena brillaba con fuerza, como si quisiera arropar al joven
Samurai con sus rayos de luz. - Hijo mío - La voz de Kazo era grabe, relajante y penetrante
como las caricias de una madre - Hoy has dado un paso muy importante en
tu vida. Has dejado de ser una persona normal, has dejado el bosque para
introducirte en el camino de la vida por el sendero del Samurai. Has
superado la trampa invisible que tienden los fantasmas del miedo y del
fracaso. Nunca luches contra los fantasmas del miedo, ellos harán que
todos los problemas parezcan agolparse para vencerte y doblegarte,
cuando estos fantasmas te ataquen, no te defiendas, sigue adelante
enfentándote a los problemas uno a uno. Ese es el único secreto del éxito
hijo mío. - Si padre, estas semanas las dudas recorrían mi mente - Kan
miraba a la Luna en busca de fuerzas para expresar lo que había sentido
- no sabía si sería capaz de llegar al final, tenía miedo de entrar
en la senda del Samurai por miedo al fracaso, por miedo a decepcionarte,
por miedo a que se rieran de mi los demás mientras no domine todas las
técnicas como lo hace un Samurai de verdad. Era un dolor intenso - dijo
mientras su mano se posaba en su estomago - como si me clavaran afiladas
agujas en el estomago. Pero me di cuenta que si no empezaba, habría
fracasado aun antes de intentarlo. - Sus ojos se clavaron en los de su
padre - No se si llegaré algún día a ser un Samurai tan bueno y
poderoso como tú padre, pero ten por seguro que lo intentaré hasta con
el ultimo vestigio de mi alma, nunca me rendiré al camino. Siempre
seguiré adelante. Kazo no podría estar más orgulloso. Su hijo poseía una fuerza
que le conduciría allí donde el quisiera. Por que nadie mejor que el
viejo Samurai sabía que él mayor secreto para conseguir en la vida lo
que se desea es el no rendirse jamas. A su tierna edad ya conocía ese
secreto sin duda llegaría muy lejos, mucho más lejos que su padre el
General de Generales. - Hijo, ahora eres parte de los Samurais y por lo tanto has de
regirte como tal - El viejo Samurai cogió un grueso leño y se lo paso
a su hijo. - Parte este leño hijo mío, se que puedes hacerlo. - Pero padre, este leño es muy grueso, - dijo el joven abatido -
y yo solo tengo doce años, aun no soy un hombre maduro. No tengo la
fuerza suficiente. - Claro que tienes la fuerza hijo, pero tu fuerza no esta en tus músculos
- sentenció a la vez que rodeaba con su grande y cálida mano el
estrecho brazo de su hijo - Si no en tu cabeza, es en tu inteligencia y
en tu fuerza de voluntad donde posees la energía suficiente para
realizar todo aquello que desees. Si piensas que no eres capaz de
hacerlo... seguramente nunca serás capaz. Sin embargo, si estás
convencido de que es posible, y desde el fondo de tu corazón brilla la
verde llama de la esperanza y la fe en ti mismo. Podrás hacer lo que
desees, solo habrás de buscar el medio. - Pero padre... - Kan quería creer a su padre, era un Samurai y
los Samurais nunca mienten. Entonces debía existir una forma... pero
cual - ¡Ya se! Ahora yo también soy un Samurai, ¡puedo hacer lo
imposible! Y desenfundando por primera vez su espada katana lanzó con todas
sus fuerzas un terrible golpe contra el tronco... consiguiendo que la
katana se incrustara fuertemente dentro del tronco. Kan intentó sacarla
de un tirón, pero sus esfuerzos eran inútiles. Estaba demasiado
fuertemente enganchada. Se estaba poniendo muy nervioso, y si no fuera
por que la cálida mano de su padre le calmó, como tantas veces había
hecho de pequeño, se habría echado a llorar. - Tu intento ha sido digno de elogio Kan, pero has de aprender
antes de hacer. - El viejo samurai tomo entre sus manos la espada de su
hijo y con un giro rápido de muñeca extrajo la espada del tronco. -
Has de fijarte pequeños objetivos, fáciles de cumplir con tus
capacidades, para conseguir lo que deseas. - Dicho esto devolvió la
espada a su hijo. - Primero intenta crear una zanja en el tronco, no de
un golpe directo, si no de dos curvos que te ayuden a debilitar la rama.
Kan lanzó un tajo curvo y cortante que hizo saltar unas astillas
del tronco, a continuación lanzó otro en dirección opuesta que hizo
que casi la mitad del tronco se dispersara por el suelo. Animado repitió
la operación y unos instantes después el grueso tronco reposaba en el
suelo, partido en dos pedazos y un montón de astillas. - Tienes razón padre! El tronco entero era demasiado para mí,
pero poco a poco he logrado debilitarlo y al final yo he vencido. Si
hubiera pensado que no podía, nunca lo hubiera intentado. Pero decidí
que era capaz, que debía de existir una manera de cortarlo y la encontré!
- Siempre existe una manera - La voz del viejo Samurai penetro en
los oídos de su hijo grabando estas palabras a fuego - siempre existe
una manera de lograr lo que deseamos. - Y para ello debemos hacer lo que sea padre - Pregunto
inocentemente Kan. Kazo se alarmo, no quería que su hijo le interpretara mal,
siempre había que regirse por el honor y la generosidad, pero una ve
que vio la inocente mirada de su hijo, la calma se apoderó otra vez de
su corazón. - Hijo, Puedes conseguir todo lo que desees en la vida solo con
que ayudes a otras personas a conseguir lo que ellas desean. - No entiendo padre. - Tu sabes que el granjero siempre recoge más de lo que siembra
¿No es así? - Kazo sabía que su hijo había ayudado a sembrar a sus
vecinos y se había quedado maravillado al ver como crecían las plantas
día a día y como de un puñado se semillas surgían, con el tiempo,
cientos de sabrosos frutos - Pues igual que el granjero siempre recoge más
que lo que siembra, tu debes saber que no estas solo y has de ayudar
todo lo que puedas a tu equipo, si lo haces así después recogerás la
cosecha más fructífera que nunca ayas soñado. Kan quedó pensativo, todavía era muy joven para entender todas
las palabras de su padre, pero el sabía que su padre siempre había
sido generoso y gracias a ello había llegado a ser un general de
generales, por eso decidió firmemente que él haría lo mismo. - Padre, tengo una duda que me atormenta - Se sinceró Kan - antes
no te la quise decir por que hoy es un día de dicha. Pero no concuerda
con lo que me acabas de decir. - ¿Si hijo? - Ayer conté a mis amigos del pueblo que me iba a convertir en
Samurai, que aprendería los secretos de nuestro arte y que me convertiría
en el tipo de guerrero más poderoso que existe - los ojos de Kan se
clavaron en el crujiente fuego - y los otros niños se rieron de mí, me
dijeron que era un blandengue, que todo eran mentiras y que tuviera
cuidado por que lo más seguro es que me dieran una paliza los
verdaderos Samurais por mentiroso y que luego me echarían a la hoguera.
¿he de ser generoso también con esos niños padre? - Hijo... - Una sonrisa de comprensión surcaba los labios del
viejo Samurai, a él le había pasado lo mismo en su juventud y sabía
que las mismas personas que hoy criticaba y ridiculizaban a su hijo, mañana
serían sus más fervientes admiradores por su valentía y coraje - Hay
una forma muy fácil de evitar las criticas... -¿Cual es padre? - Pregunto entusiasmado Kan - ... simplemente no seas nada y no hagas nada, consigue un
trabajo de barrendero y mata tu ambición. Es un remedio que nunca
falla. - ¡Pero Padre! Eso no es lo que yo quiero, yo quiero ser fuerte y
poderoso como tú, tengo aspiraciones y sueños que quiero cumplir en la
vida. Y solo tengo esta vida para hacer esos sueños realidad ¿Como me
pides que haga eso? - Entonces Kan, ten mucho cuidados con los ladrones de sueños -
dijo Kazo misterioso - ¿Los ladrones de sueños? - El niño Samurai
miro temeroso a su alrededor - ¿Que son? ¿demonios de la noche? ¿Duendes malignos? ¿Seres
tenebrosos? - No hijo, son tus amigos y personas cercanas a ti - Los ojos de
su hijo lo miraban con una expresión triste, como si le acabara de caer
el mundo encima - No te preocupes, solo son amigos tuyos, mal informados
que quieren protegerte, quieren todo el bien para ti y que no sufras,
por eso intentarán detenerte en todos los proyectos que hagas, para
evitar que fracases y te hagas daño. - Pero entonces son como los fantasmas del miedo y del fracaso,
quieren mi bien y sin embargo me infringen el mayor daño que puede
existir. Róbame mis sueños, mis ambiciones y por tanto las más
poderosas armas que tengo de alcanzar lo que yo quiero. Si nunca lo
intento... nunca lo conseguiré. Es cierto que si lo intento puedo
fracasar, sin embargo también puedo tener éxito y conseguir lo que yo
quiero! - Eso es hijo y además, sin quererlo, acabas de descubrir tus
tres armas más poderosas. - ¡Cuales! dímelo - su ilusión ante la perspectiva de tener más
armas era enorme. - La primera el Entusiasmo, si crees en lo que haces y de verdad
te gusta podrás conseguirlo todo y debes creerlo con todos los
vestigios de tu ser. Kan asintió con la cabeza temeroso de interrumpir a su padre. - La segunda ¡El Empuje! Has de aprender y trabajar, aprender y
trabajar y después... enseñar, aprender y trabajar. Solo con el
trabajo conseguirás tus objetivos. Si pretendes aprovecharte de la
gente solo encontraras el fracaso, sin embargo, si trabajas con honor,
en equipo y siempre intentas superarte... no habrá nada que pueda
pararte. Kan poso la mano en su corazón y se prometió a si mismo, en
absoluto silencio que siempre trabajaría con honor y que nadie le pararía.
- Y tercer la Constancia - los ojos de Kan preguntaban a su padre
que era la constancia, acaso no era lo mismo que el empuje - La
Constancia hijo mío, es la capacidad de aguantar en los tiempos duros y
seguir trabajando para que vengan los tiempos buenos, la constancia es
el Arte de Continuar Siempre! Tú ahora acabas de empezar y mañana
empezarás a practicar con los Samurais. Al principio, después de cada
entrenamiento, te dolerán los músculos y estarás cansado, tendrás
ganas de abandonarlo todo por que pensarás que esto es demasiado duro
para ti. Pero si eres Contante y continuas aprendiendo y practicando,
poco a poco tu cuerpo se irá adaptando y desarrollando, así como tu
mente. Y veras como cada vez las cosas te resultarán más fáciles y
obtendrás más resultados y más fácilmente. Los comienzos son siempre
duros hijo, y solo si eres Contante tendrás el éxito asegurado. Kazo vio como su joven hijo asentía medio dormido. Ya era tarde y
hoy había aprendido más que en toda su vida. EL viejo Samurai cogió a
su joven hijo y ahora aprendiz de su arte en sus brazos, levantando, a
pesar de su avanzada edad, como si de una pluma se tratara. Su hijo le susurro algo al oído como "gracias papa!"
antes de quedarse dormido. El general de generales se preguntó si
realmente su hijo seguiría al pie de la letra todos los consejos que
hoy había aprendido. Sabía que si así lo hacía llegaría aun más
alto de lo que él, general de generales, había logrado.
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