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Maletas especiales y Bolsos a medida |
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Somos una empresa especializada en la fabricación de todo tipo de
bolsos y maletas a medida. Diseñamos lo que incluso
parece imposible para guardar y transportar toda clase de objetos,
equipos, maquinaria, aparatos, utensilios variados. Llevamos más de 30 años haciendo
maletas y bolsos de encargo; nuestros clientes recurren
a nosotros cuando necesitan bolsos y maletas especiales que ningún
otro establecimiento es capaz de proporcionar. Si
quieres iniciar una historia inverosímil de maleta y publicarla aquí,
envíanos el texto a
Historias y cuentos en la maleta.
Aladino y la Lampara Maravillosa Autor: Desconocido Aladino y la Lampara Maravillosa Erase una vez una viuda que vivía con su hijo, Aladino. Un día,
un misterioso extranjero ofreció al muchacho una moneda de plata a
cambio de un pequeño favor y como eran muy pobres aceptó. -¿Qué tengo que hacer? -preguntó. -Sígueme - respondió el misterioso extranjero. El extranjero y Aladino se alejaron de la aldea en dirección al
bosque, donde este ultimo iba con frecuencia a jugar. Poco tiempo después
se detuvieron delante de una estrecha entrada que conducía a una cueva
que Aladino nunca antes había visto. - ¡No recuerdo haber visto esta cueva! -exclamó el joven- ¿Siempre
a estado ahí? El extranjero sin responder a su pregunta, le dijo: -Quiero que entres por esta abertura y me traigas mi vieja lampara
de aceite. Lo haría yo mismo si la entrada no fuera demasiado estrecha
para mí. -De acuerdo- dijo Aladino-, iré a buscarla. -Algo mas- agrego el extranjero-. No toques nada mas, ¿me has entendido? Quiero únicamente que me
traigas mi lampara de aceite. El tono de voz con que el extranjero le dijo esto ultimo, alarmó
a Aladino. Por un momento penso huir, pero cambio de idea al recordar la
moneda de plata y toda la comida que su madre podía comprar con ella. -No se preocupe, le traeré su lampara, - dijo Aladino mientras se
deslizaba por la estrecha abertura. Una vez en el interior, Aladino vio una vieja lampara de aceite
que alumbraba débilmente la cueva. Cual no seria su sorpresa al
descubrir un recinto cubierto de monedas de oro y piedras preciosas. "Si el extranjero solo quiere su vieja lampara -pensó
Aladino-, o esta loco o es un brujo. Mmm, ¡tengo la impresión de que
no esta loco! ¡Entonces es un ... !" -¡La lampara! ¡Tráemela inmediatamente!- grito el brujo
impaciente. -De acuerdo pero primero déjeme salir -repuso Aladino mientras
comenzaba a deslizarse por la abertura. ¡No! ¡Primero dame la lampara! -exigió el brujo cerrándole el
paso -¡No! Grito Aladino. -¡Peor para ti! Exclamo el brujo empujándolo nuevamente dentro
de la cueva. Pero al hacerlo perdió el anillo que llevaba en el dedo el
cual rodó hasta los pies de Aladino. En ese momento se oyó un fuerte ruido. Era el brujo que hacia
rodar una roca para bloquear la entrada de la cueva. Una oscuridad profunda invadió el lugar, Aladino tuvo miedo. ¿Se
quedaría atrapado allí para siempre? Sin pensarlo, recogió el anillo
y se lo puso en el dedo. Mientras pensaba en la forma de escaparse,
distraídamente le daba vueltas y vueltas. De repente, la cueva se lleno de una intensa luz rosada y un genio
sonriente apareció. -Soy el genio del anillo. ¿Que deseas mi señor? Aladino aturdido
ante la aparición, solo acertó a balbucear: -Quiero regresar a casa. Instantáneamente Aladino se encontró en su casa con la vieja
lampara de aceite entre las manos. Emocionado el joven narro a su madre lo sucedido y le entregó la
lampara. -Bueno no es una moneda de plata, pero voy a limpiarla y podremos
usarla. La esta frotando, cuando de improviso otro genio aun más grande
que el primero apareció. -Soy el genio de la lampara. ¿Que deseas? La madre de Aladino
contemplando aquella extraña aparición sin atreverse a pronunciar una
sola palabra. Aladino sonriendo murmuró: -¿Porque no una deliciosa comida acompañada de un gran postre? Inmediatamente, aparecieron delante de ellos fuentes llenas de
exquisitos manjares. Aladino y su madre comieron muy bien ese día y a partir de
entonces, todos los días durante muchos años. Aladino creció y se convirtió en un joven apuesto, y su madre no
tuvo necesidad de trabajar para otros. Se contentaban con muy poco y el
genio se encargaba de suplir todas sus necesidades. Un día cuando Aladino se dirigía al mercado, vio a la hija del
Sultán que se paseaba en su litera. Una sola mirada le bastó para
quedar locamente enamorado de ella. Inmediatamente corrió a su casa
para contárselo a su madre: -¡Madre, este es el día más feliz de mi vida! Acabo de ver a la
mujer con la que quiero casarme. -Iré a ver al Sultán y le pediré para ti la mano de su hija
Halima dijo ella. Como era costumbre llevar un presente al Sultán, pidieron al
genio un cofre de hermosas joyas. Aunque muy impresionado por el presente el Sultán preguntó: -¿Cómo puedo saber si tu hijo es lo suficientemente rico como
para velar por el bienestar de mi hija? Dile a Aladino que, para
demostrar su riqueza debe enviarme cuarenta caballos de pura sangre
cargados con cuarenta cofres llenos de piedras preciosas y cuarenta
guerreros para escoltarlos. La madre desconsolada, regreso a casa con el mensaje. -¿Dónde
podemos encontrar todo lo que exige el Sultán? -preguntó a su hijo. Tal vez el genio de la lampara pueda ayudarnos -contestó Aladino.
Como de costumbre, el genio sonrió e inmediatamente obedeció las
ordenes de Aladino. Instantáneamente, aparecieron cuarenta briosos caballos cargados
con cofres llenos de zafiros y esmeraldas. Esperando impacientes las
ordenes de Aladino, cuarenta Jinetes ataviados con blancos turbantes y
anchas cimitarras, montaban a caballo. -¡Al palacio del Sultán!- ordenó Aladino. El Sultán muy complacido con tan magnifico regalo, se dio cuenta
de que el joven estaba determinado a obtener la mano de su hija. Poco
tiempo después, Aladino y Halima se casaron y el joven hizo construir
un hermoso palacio al lado de el del Sultán (con la ayuda del genio
claro esta). El Sultán se sentía orgulloso de su yerno y Halima estaba muy
enamorada de su esposo que era atento y generoso. Pero la felicidad de la pareja fue interrumpida el día en que el
malvado brujo regreso a la ciudad disfrazado de mercader. -¡Cambio lamparas viejas por nuevas! -pregonaba. Las mujeres
cambiaban felices sus lamparas viejas. -¡Aquí! -llamó Halima-. Tome la mía también entregándole la
lampara del genio. Aladino nunca había confiado a Halima el secreto de la lampara y
ahora era demasiado tarde. El brujo froto la lampara y dio una orden al genio. En una fracción
de segundos, Halima y el palacio subieron muy alto por el aire y fueron
llevados a la tierra lejana del brujo. -¡Ahora serás mi mujer! -le dijo el brujo con una estruendosa
carcajada. La pobre Halima, viéndose a la merced del brujo, lloraba
amargamente. Cuando Aladino regreso, vio que su palacio y todo lo que amaba habían
desaparecido. Entonces acordándose del anillo le dio tres vueltas. -Gran genio
del anillo, ¿dime que sucedió con mi esposa y mi palacio? -preguntó. -El brujo que te empujo al interior de la cueva hace algunos años
regresó mi amo, y se llevó con él, tu palacio y esposa y la lampara
-respondió el genio. Tráemelos de regreso inmediatamente -pidió Aladino. -Lo siento, amo, mi poder no es suficiente para traerlos. Pero
puedo llevarte hasta donde se encuentran. Poco después, Aladino se
encontraba entre los muros del palacio del brujo. Atravesó
silenciosamente las habitaciones hasta encontrar a Halima. Al verla la
estrechó entre sus brazos mientras ella trataba de explicarle todo lo
que le había sucedido. -¡Shhh! No digas una palabra hasta que encontremos una forma de
escapar -susurró Aladino. Juntos trazaron un plan. Halima debía
encontrar la manera de envenenar al brujo. El genio del anillo les
proporciono el veneno. Esa noche, Halima sirvió la cena y sirvió el veneno en una copa
de vino que le ofreció al brujo. Sin quitarle los ojos de encima, espero a que se tomara hasta la
ultima gota. Casi inmediatamente este se desplomo inerte. Aladino entró presuroso a la habitación, tomó la lampara que se
encontraba en el bolsillo del brujo y la froto con fuerza. -¡Cómo me alegro de verte, mi buen Amo! -dijo sonriendo-. ¿Podemos regresar ahora? -¡Al instante!- respondió Aladino y el palacio se elevo por el
aire y floto suavemente hasta el reino del Sultán. El Sultán y la madre de Aladino estaban felices de ver de nuevo a
sus hijos. Una gran fiesta fue organizada a la cual fueron invitados
todos los súbditos del reino para festejar el regreso de la joven
pareja. Aladino y Halima vivieron felices y sus sonrisas aun se pueden ver
cada vez que alguien brilla una vieja lampara de aceite.
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